Mi trabajo parte de fotografías tomadas con lente macro del natural: plantas, macetas, flores, interiores de mi casa, objetos, vidrios. Formas y colores que evocan femineidad, intimidad, texturas, delicadeza, fuerza contraste, dinamismo, sensualidad.  Son composiciones provocadoramente enigmáticas, misteriosas, ilógicas tal vez por la cercanía del punto de vista que las convierte en un fragmento difícil de decodificar. Imágenes concretas que han perdido su referente o que invitan a nuestra mente a reinventarlo. Cada cuadro es un intento de reorganización o reconstrucción de los elementos proporcionados por la fotografía que le da origen. A veces hay una visible tensión entre las formas orgánicas y formas geométricas puras, en otros casos la diferencia está en el uso de la técnica, en el contraste de flúos desenfrenados y grafitos obsesivos así como también entre la proliferación barroca de formas y colores y el orden que impone una cuidada y limpia composición. El contrapunto es una clave de las obras:  en el choque del orden con el caos, de la forma orgánica con la composición pensada, del sentido y el sin sentido. En cada obra propongo una imagen minuciosamente trabajada, un fragmento de realidad, que al ser observado con microscopio y transformado por diferentes técnicas pictóricas, se vuelve irreal. Este contraste, este choque de fuerzas contenidas, esta ambigüedad entre figuración y abstracción posiblemente genera sentidos más bien sensoriales, ya que transmite una gran intensidad.

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Sugestiva visión de un jardín fecundo, un casi perfecto trópico islandés, encantadora paradoja vegetal. Más lo miro, más envuelve y sorprende la ambigüedad que plantea.
A qué mundo pertenece ese voluptuoso ser, con pliegues que evocan interiores femeninos, y extremidades como miembros latentes?
Espacio y tiempo enredados en las mórbidas hojas de una Thilansia, La Dama de las Bromelias.
La enorme, jugosa y sensual criatura del aire. De hojas como tentáculos, de pliegues como expectantes vulvas que miran a quien las mira, habitando una geografía de sueños, con lógica propia y en technicolor. La singular belleza del entorno no apaga semejante tensión, más bien la equilibra.
Hay un movimiento leve en cada forma, como si pétalos rosados fueran a desprenderse cuando no miramos... Todo en si es extrañamiento y abundancia sutil.
Ansia en estado puro.